Vilma Marcelino, vicealcaldesa de Rio Grande da Serra (SP), encontró un camino inesperado en la política, pero profundamente conectado a su trayectoria de vida y trabajo social. Psicóloga y exgerente de APAE en su ciudad, donde trabajó durante 20 años, aporta a la administración pública una visión humanista y un compromiso innegociable con el cuidado de las personas.
“La política no estaba en mi radar, sobre todo como candidata, pero creo que la vida nos llama. Mi trabajo social me dio visibilidad y me acercó a la política. Cuando el alcalde me invitó a la candidatura, me cautivó la idea de una gestión que no se limitara a las estructuras, sino que realmente cuidara y se preocupara por las personas”, recuerda Vilma.
El cuidado de las personas es el sello distintivo de la gestión
Con una trayectoria dedicada a la inclusión social, Vilma trae banderas claras y un propósito firme a la vicealcaldía: luchar por los derechos humanos y construir una ciudad que sirva a todos. Mi especialización en inclusión social, personas con discapacidad y autismo, así como en cuestiones de género y raza, guía mi trabajo. Nuestro objetivo es transformar Rio Grande da Serra en un lugar más humano e igualitario.
En los primeros 100 días de administración, la prioridad será entender las necesidades de la ciudad. Realizamos un diagnóstico profundo, escuchando a la comunidad y organizando acciones. La salud, por ejemplo, se encontraba en una situación precaria, y comenzamos reorganizando la UPA, el principal punto de atención. Nuestro plan de gobierno se construyó con la participación ciudadana, y tenemos la responsabilidad de hacerlo realidad, destaca Vilma.
La fuerza de la indignación y el coraje
Vilma encontró en la política una manera de canalizar su indignación por la falta de oportunidades en su ciudad. Como dice Agustín de Hipona, la esperanza tiene dos hijas: la indignación de no aceptar las cosas como son y la valentía de cambiarlas. Eso fue lo que me motivó a dejar atrás la indignación y encontrar la valentía para transformar Rio Grande da Serra —explica—.
Este espíritu de cambio se refleja en la visión de Vilma para el futuro de la ciudad. Quiero dejar un legado para niños y jóvenes, para que se sientan orgullosos de vivir aquí. Quiero que en el futuro la gente mire atrás y reconozca este momento como un punto de inflexión en la historia de Rio Grande da Serra.
Turismo e identidad cultural: una nueva página para la ciudad
Además de cuidar a la gente, Vilma cree que es necesario explorar el potencial turístico de la ciudad como una forma de fomentar el desarrollo económico y rescatar la historia local. Rio Grande da Serra posee riquezas que pocos conocen. Contamos con la segunda estación de tren construida en el estado de São Paulo, la cantera más profunda de Latinoamérica y una capilla histórica de 1611 que ya ha sido visitada por un Papa. Estos monumentos necesitan ser rescatados y valorizados.
El vicealcalde tiene previsto transformar la ciudad en un polo turístico, aportando conocimiento y orgullo a la población. Queremos capturar esta historia y convertirla en parte del legado de la ciudad. Esto es más que un proyecto económico; se trata de devolver a los residentes un sentido de pertenencia e identidad.
El legado de Vilma Marcelino para Rio Grande da Serra
Con una mirada atenta a las necesidades de la población y una visión ambiciosa para el futuro, Vilma Marcelino está transformando Rio Grande da Serra en un lugar más humano, justo y lleno de oportunidades. Amo mi ciudad y quiero que la gente se sienta orgullosa de vivir aquí. Quiero que los niños que nazcan hoy crezcan en un lugar mejor, con acceso a salud, educación y oportunidades. Me comprometo a dejar un legado de cuidado, esperanza y transformación para las generaciones futuras.